Un recuerdo de Ramón.


Amigo Scila, lo primero desearte a tí y a todos los "sabinosos" - seguramente la mayoría jubilados -,  un saludable  y feliz 2014.

Precisamente, y recordando las Fiestas de Navidad, me han venido a la memoria los recuerdos de aquella Navidad de 1.959 que tuve el infortunio de pasar en "nuestro" Preventorio.

Mis padres, en el Pirineo de Lleida, no tenían la posibilidad de venir a verme. Pero en Roquetas (localidad próxima a Tortosa, cerca del Delta del Ebro), vivían  y viven todavía, familiares míos. La distancia es de unos 80 km. Mi tío recibió una carta de mis padres autorizándole a poder ir a buscarme y pasar el día de Navidad con ellos. La semana antes, se presentó en la Sabinosa y el Director le concedió permiso para ello.

Día de Navidad: mi tío con su Peugeot 250- una moto de los años 50 -, después del viaje por la N-340 de la época- podéis imaginar la aventura que esto representaba- llega al Preventorio.

Yo le veo por una de las ventanas y corro hacia él. Una cuidadora me cierra el paso, me coge de la mano y me dice que me espere. Mi tío habla con otra de las cuidadoras; yo no sé de que hablan, pero veo como mi tío sube a su moto y se marcha. No recibí ninguna explicación por parte de las cuidadoras.

Años después, cuando con mis padres se trasladaron a vivir a Roquetas, supe el por qué: el día que mi tío vino a entregar la carta  de mis padres, me trajo de regalo un cochecito de fricción (os acordáis de cómo eran, ¿no?). Pues bien, le dijeron que con el cochecito había hecho mucho ruído. ¡Qué falacia! Aquel coche, para mí una auténtica maravilla, duró en mis manos, como mucho diez minutos. Luego desapareció y nunca más se supo.

En fin, otra triste situación de una larga colección que nos tocó vivir en aquel antro. Por suerte vinieron otras muchas Navidades y más felices.


Un abrazo a todos.

Ramón G. S.

Comentarios

Scila Klostenos ha dicho que…
Todos hemos sido niños y podemos imaginar esa pequeña anécdota y darle el valor que para un niño tiene realmente. La ilusión de pasar esos días con la familia, tener al alcance de la mano a tu tío, que desaparezca de repente, sin ninguna explicación, y que las vigilantas tampoco tengan la delicadeza, la sensibilidad, de haberte contado aunque fuese una mentira para dejarte algo menos frustrado. Ahora parece una nimiedad pero seguro que aquel día y el siguiente se te hicieron interminables, sin saber qué había pasado, porqué tus vacaciones en familia se habían esfumado.
Gracias por compartir tu recuerdo con todos nosotros Ramón. Un abrazo.