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Mostrando entradas de diciembre, 2010

Felicitación de Miguel Angel.

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Hola a todos : No sabéis cuanto significa para mí encontrar esta ventanita de una infancia que ahora sentimos como un sueño. Os deseo la mayor felicidad esta Navidad, y para los años que vengan, que los vivamos con la misma vitalidad con la que salpicamos el mare nostrum.
Abrazos de Miguel Angel.

Felicitaciones de Miguel P.

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Hola sabinosos, os deseo una Navidad plena de amor y risas, animaos a escribir aquí. 
Un saludo para todos.
Miguel.

Felicitaciones

Aquí os dejo los materiales para crear vuestra tarjeta de felicitación. Conectar los altavoces y, pinchando con el ratón, podréis crearla. Muchas felicidades y mis mejores deseos para el Nuevo Año a todos los sabinosos, y a sus familares.
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Miguel (II parte)

Cuando bajábamos a la playa, íbamos en filas de a dos, los cabezas siempre delante: Un compañero y yo, que éramos los mas bajitos del pabellón. En la playa jugábamos en la arena, hacíamos castillos, pero no recuerdo que tuviéramos una pelota con la que jugar, lo máximo era "calar  agua". Es decir, hacer el pozo tan profundo que llegáramos a alumbrarla, hay que tener en cuenta que no podíamos acercarnos a la orilla, por lo que el pozo solía ser tan profundo como nuestro brazo. Así seguíamos hasta que alguien gritaba señalando al alto del cerro, por donde asomaba el Sr Instructor; le veíamos bajar alborozados, porque hasta que no llegara él, no se autorizaba el baño. Le recuerdo con pantalón y camisa blanca, gafas oscuras y paso decidido, llevaba siempre colgando un silbato. Al llegar nos formaba con autoridad militar, nos alineábamos, y tras hacer algunos ejercicios mitad gimnasia, mitad instrucción, formados en pelotón y a un golpe de silbato, echábamos a correr gritando al …

Suma y sigue

Hoy se incorpora a nuestra crónica por entregas el testimonio de Miguel Ángel, lástima que según nos dice no conserve ninguna fotografía de su paso por el Preventorio, esas fotos son nuestra mejor herramienta para intentar reconocernos junto a los compañeros que compartieron nuestra estancia en el Centro. Ofrecemos a Miguel Ángel nuestra más calurosa bienvenida y le invitamos a participar con sus comentarios y recuerdos con la frecuencia que desee en este lugar, sede provisional de  los sabinosos. Un fuerte abrazo a todos y felices fiestas de salida y entrada de año. Scila/

Miguel Ángel, nuevo sabinoso

Yo estuve en la Sabinosa hacia 1959 ó 1960. Tenía seis o siete años, me ha emocionado leer descripciones que creía únicas y perdidas, escritas por otra persona. Animo a los que estuvieron en esos años a que cuenten aquí su experiencia, al leer he recordado cosas olvidadas como las alpargatas y la cajonera. Yo era de muy baja estatura y los mas pequeños ibamos delante, nos llamaban los cabezas.  El peor recuerdo que tengo es la sed tan espantosa, recuerdo perfectamente las jarras de aluminio en el centro de la mesa, el comedor enorme, y los vasos también de aluminio, nada mas llegar de la playa, vaciabamos la jarra, y no nos dejaban repetir, porque decían que dejábamos la comida (que yo devolvía constantemente porque era espantosa) me sentaron cerca de una puerta para que saliera rápido a devolver. La mejor época fue cuando caí malo, no recuerdo si sarampión ó qué, pero me llevaron a la enfermería y fué lo mejor, porque recuerdo que me dejaban levantarme y al lado, había un murete sobre…

Agosto del 59

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Bueno, sabinosos, aquí va una foto de agosto de 1959, si alguien se da por aludido pues que lo diga. Somos 28, más la Srta. que no tengo ni idea de cómo se llama, en realidad no sé cómo se llama nadie, salvo Jesús que publicó una foto junto a mi, sujetando ambos un banderín de corner del campo de fútbol, y se identificó, porque yo no lo recordaba en absoluto. De entonces recuerdo la famosa sémola, que con perdón de los hambrientos del mundo, nos parecía vomitiva, al punto de que más de una vez nos las ingeniábamos para apagar la luz el comedor y aprovechar para tirarla por la ventana. Estábamos mal nutridos pero aquello nos parecía un suplicio al paladar. 
Escribir que en aquella situación podíamos rechazar cualquier plato por su sabor o composición hoy más me produce vergüenza que otra cosa, así que tenemos que leerlo como reflejo de la inmadurez de un niño y sacar la conclusión que, aunque ha pasado medio siglo, los niños de hoy siguen siendo tan estúpidos como los de entonces, y no …