Luis.


Qué sorpresa tan grata me he llevado al abrir este blog de Scila. Yo también tengo cosas que contar, aunque quizá más desagradables por la antigüedad de mi estancia, creo que fue en el año 1949, expedición 29, cuando prácticamente empezaba el Preventorio. Tengo ahora 72 años.
En 1948 mi padre murió tuberculoso con 34 años dejando huérfanos tres niños de 2, 5 y 7 años. Yo soy el mayor de los tres. Me llamo Luis y vivía, y vivo, en Madrid. No recuerdo cómo me mandaron los tres meses de rigor al preventorio. Al año siguiente enviaron a mis dos hermanos.
Recuerdo como anécdota que, al despedirme mi madre en la estación de Atocha, me acompañaba otro niño vecino para despedirme, cuando anunciaron que faltaba una plaza para completar esa expedición 2, mi madre le entregó sin contar con sus padres. Todo salió bien y sus padres, que eran muy amigos, no lo tomaron a mal. Ese niño se llamaba, y llama, Francisco.


Aunque está casi todo comentado de cómo vivíamos allí y el trato que nos daban, quiero dar algún dato para engordar la historia de Los Sabinosos: el instructor de aquella época era un tal Señor Ventura, pelirrojo, con poderes de energía y mando nada apropiado para niños. Los domingos, después de misa, iban los catequistas con juegos y nos daban unos vales para canjear no recuerdo por qué cosas. 
El rezar todas las tardes el rosario era una obligación. Nos sentaban en el suelo de un pabellón y los que estábamos atrás sólo veíamos las cabecitas rapadas de cientos de niños. Recuerdo también, por si alguien lo identifica, el nombre de algunas: la mía era María Bargalló en unas ocasiones y en otras era una tal Rosario, grandona, fuerte y ya madura. La segunda era de rigidez y energía nada agradable,  nos obsequieba con castigos y cachetes. De compañeros recuerdo sólo a uno: se llamaba Germán y era de Gerona, un niño muy rebelde y valiente que se enfrentaba sin miedo a todo.


Recuerdo que Trini la andaluza es y será, si vive, punto y aparte, de canalla con las criaturas. Lo cuento. Cuando nos bajaban a la playa esta individua nos castigaba con taparnos la cabeza con nuestro propio jersey y nos tenía todo el tiempo vueltos de espaldas al mar y así castigados hasta que volvíamos al pabellón o al comedor. 
Eso entre otros castigos de bofetadas, pellizcos, tirones de pelo y orejas y otros que prefiero no mencionar para no recordarla más. Que Dios ampare a ese ejemplar de “animal” que sólo quería estar hablando con los hombres que se acercaban para tratar de ligarla aunque era bastante fea.
Envío tres fotografías indicando quiénes somos por si valen para identificación de algún compañero de fatigas.
  
No recuerdo muchas más cosas. Son algunas de las que me dejaron un recuerdo malo. No obstante, con un abrazo para todos los Sabinosos, me ofrezco para poder contactar, dar alguna información o lo que se nos ocurra. Quedo a la entera disposición de todos. Otra vez, un abrazo para todos.

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